Universidad de Estocolmo
Con asimetrías de poder cada vez más amplias entre gobernantes y gobernados en la política global, es importante construir la democracia global. Numerosos decisores políticos y activistas han abordado este reto desde el punto de vista de las reformas institucionales tales como, por ejemplo, añadir más asientos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sin embargo, antes de apresurarse a generar uno u otro cambio institucional, es importante pensar detenidamente en lo que el ‘gobierno por el pueblo’ significa concretamente en un contexto global.
Un primer paso en la conceptualización de la democracia global es identificar las condiciones nucleares de cualquier democracia, ya sea local, nacional o global; y ya sea en África, en las Américas, en Asia o en Europa. A pesar de que la democracia se practique de maneras muy diferentes en diferentes tiempos y lugares, se argumenta aquí que siempre tiene que cumplir dos criterios básicos. Una de estas condiciones necesarias es la igualdad política, que significa que, en una democracia, cualquier persona afectada por una decisión pública tiene una posibilidad equivalente de participar (directa- o indirectamente) en la toma de esa decisión. La otra condición necesaria es la vinculación política, que significa que la mayoría de las personas afectadas por un orden de gobierno tienen que aprobarlo.
¿Hasta qué punto las tres concepciones principales de la democracia global planteadas por la teoría política occidental están en consonancia con estos criterios? Una concepción, el enfoque de los derechos humanos, sugiere que el ‘gobierno por el pueblo’ se alcanza en la política global cuando todas las personas en todas las partes del mundo disfrutan de circunstancias fundamentales de capacitación. Una segunda concepción, el enfoque de la sociedad civil, sugiere que la democracia global se logra cuando las personas afectadas tienen la capacidad, mediante asociaciones transnacionales como las ONG y los movimientos sociales, de participar en, deliberar sobre y disputar la gobernanza de los asuntos globales. Una tercera concepción, el enfoque representativo-federalista, sugiere que la democracia global se realiza mediante un gobierno mundial con un parlamento elegido global.
Las dos primeras concepciones no dan cabida a satisfacer los dos criterios básicos de la democracia. Un marco global de derechos humanos puede facilitar una base ética para la igualdad política de la ciudadanía en todo el mundo. Sin embargo, los derechos humanos en sí no ponen esta igualdad en práctica ni ofrecen una manera de vincular a las personas afectadas con las decisiones públicas globales. La sociedad civil global facilita un espacio político en el que las personas afectadas pueden hacer oír sus opiniones sobre (su aprobación o desaprobación) las regulaciones a nivel global. No obstante, la sociedad civil global no es un espacio a disposición de todas las personas afectadas y, por tanto, no satisface el criterio de igualdad política.
El tercer enfoque, federalista-representativo, podría cumplir con los dos criterios, pero conduce a una concepción de la democracia global demasiado formalista. Aunque podamos crear parlamentos globales elegidos directamente por sufragio universal a nivel mundial, y por lo tanto facilitar una noción atenuada de la igualdad política, esta participación pública sería demasiado formal y desconectada de las actividades políticas reales de las personas. Además, un Estado global se convertiría en un poder centralizado monstruoso.
Por ello, un paso adelante en la conceptualización de la democracia global puede ser la adopción de una noción deliberativa de doble vía. Por un lado, la democracia global necesita una vía formal de institucionalización de la voluntad colectiva, como por ejemplo parlamentos globales directamente y universalmente elegidos. Por otro, la democracia global necesita una vía de debate público informal mediante la sociedad civil global en el que las personas afectadas pueden identificar problemas, proponer respuestas, examinar con detalle los decisores políticos y pedir responsabilidad y rendición de cuentas. Las dos vías son complementarias, cada una compensando las limitaciones de la otra.
En la política global actual, se presta más atención a la vía de la sociedad civil que a la vía parlamentaria. De hecho, algunos pasos se han dado para formalizar la implicación de las ONG en la toma de decisiones públicas globales. De ese modo, las federaciones empresariales y los sindicatos tienen asientos en la Conferencia Internacional del Trabajo anual, y las ONG tienen el derecho de votación en la junta del Fondo Mundial de Lucha Contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Sin embargo, hasta el momento, la gobernanza global no ha adquirido la vía complementaria de instituciones representativas universales que pueden garantizar la igualdad de oportunidades para participar. Este equilibrio tiene que ser corregido.
Además, se tiene que prestar más atención a la dimensión de los derechos humanos de la democracia global. Dos desarrollos son necesarios en este ámbito. Primero, es necesario ir más allá de la articulación de las normas de los derechos humanos con instrumentos legales globales hacia su realización en la práctica. Segundo, es necesario prestar más atención, junto con los derechos humanos liberales civiles tradicionales, a los derechos humanos socio-económicos. Como las circunstancias lo demuestran en los países nórdicos, el bienestar socio-económico y la alta participación política van de la mano. Por lo tanto, todas las personas afectadas en la política global tienen que beneficiarse de derechos socio-económicos así como de derechos civiles para satisfacer la condición de igualdad política que es fundamental para la democracia.