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Asia del Sur

Una llamada a la Democracia Global

 

Ramjee Singh

Fundación Gandhi para la Paz (Gandhi Peace Foundation), Nueva Delhi

 

A pesar de algunos disturbios en los escenarios regional, nacional y local, las personas hoy en día están sostenidamente desarrollando una forma de pensar más global. Por lo tanto, es apropiado considerar la cuestión de la democracia en la presente era de la globalización. ¿Qué implica la democracia global? Para responder a esta pregunta es importante tomar en cuenta las lecciones positivas y negativas de la historia pasada de la democracia.

La democracia tiene una larga y rica herencia. Existen las experiencias de la antigua Grecia y Roma así como los experimentos antiguos hindús de democracia de base de los Lichivis. Ulteriormente, tenemos los principios inspiradores de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución francesa, así como el aforismo de Rousseau que la soberanía se sitúa en el pueblo. Similarmente, no podemos olvidar el mantra de Lincoln que la democracia es el ‘gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo’. En el experimento británico de democracia constitucional, la soberanía de iure se basa en el monarca mientras la soberanía de facto se basa en el parlamento.

Sin embargo, la democracia liberal, basada en la teoría de representación y gobierno de la mayoría, también ha demostrado sus limitaciones. En primer lugar, está debilitado por su enfoque sobre los acorralamientos de los parlamentos, los partidos políticos y las elecciones, antes que abordar los aspectos informales como la clase, el género y la raza. Además, la democracia liberal es parcial, atendiendo solamente los aspectos políticos mientras descuida las otras dimensiones centrales como lo son la economía y la cultura. Adicionalmente, la democracia liberal en un solo país se ha asociado a menudo con el imperialismo hacia los otros. Esta tragedia ha ocurrido a los Estados principales de Europa Occidental así como a los EEUU en la historia más reciente.

La alternativa comunista de la llamada ‘democracia popular’ también se ha quedado corta. Estas situaciones de gobierno de partido único han generado invariablemente una clase privilegiada que dominaba el conjunto del pueblo. En la práctica, las democracias populares muy a menudo privaban a los ciudadanos de sus derechos y libertades fundamentales. Además, el gobierno comunista reveló su propio carácter imperialista con las invasiones de Checoslovaquia, Hungría y Vietnam.

Por ello, a la hora de conceptualizar la democracia global, tenemos que pensar en una alternativa para evitar los peligros de los enfoques liberal y comunista y en su lugar proporcionar el poder soberano real al pueblo y no a los partidos políticos y sus jefes. Esta democracia global tiene que tener por lo menos las siguientes seis características en su centro.

En primer lugar, la democracia global requiere un sistema político que no sea basado en los partidos políticos. Más bien, las unidades básicas deberían de ser los grupos de base del pueblo. Las decisiones políticas deberían de ser tomadas, en la medida de lo posible, directamente por el pueblo y con el máximo consenso posible. El poder real se sitúa en la base, y solamente poderes limitados se delegan hacia arriba. De hecho, esta descentralización del poder supone una situación del más mínimo gobierno.

Segundo, a la vez que la democracia global implicaría menos gobierno en conjunto, requeriría una expansión del gobierno global. En un mundo global con problemas globales, semejante gobierno tal como existe necesita ser un gobierno global. Se necesita una reflexión cuidadosa para el diseño de este gobierno global, para que evite las limitaciones democráticas principales que han afectado los gobiernos nacionales en el pasado.

Tercero, la democracia global tiene que ser holística. La democracia política es una farsa sin democracia social y económica. La democracia no es solamente una forma de gobierno, sino también una manera de vivir basada en la tolerancia mutua y el ajuste. La democracia global necesitaría basarse en valores éticos y espirituales, y en este sentido implicaría una religión universal.

Cuarto, la democracia global tiene que abarcar a todos los países a distinción de solamente algunos. No podemos pensar en la democracia en un solo país. La democracia en cada país depende de la democracia simultánea en los otros.

Cinco, la democracia global tiene que abarcar a todos los segmentos de la sociedad. No puede limitarse a, o favorecer de manera desproporcionada, una casta, clase, cultura, género, nación o raza particular. La democracia global y la igualdad global tienen que ser las dos caras de la misma moneda.

Sexto y finalmente, la democracia global es impensable sin la paz global. No puede haber ‘gobierno del pueblo’ a escala global si los pueblos están en guerra entre sí. Por lo tanto, la democracia global está inextricablemente conectada con una pedagogía de la paz y a un programa de desarme. .

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