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América Latina

 

La Descolonización de la Democracia Global

 

Edgardo Lander

Universidad Central de Venezuela, Caracas

 

La verdadera democracia global no es posible cuando, como hoy en día, un orden social se prescribe y se impone sobre el conjunto de la población del planeta. Este orden único, el sistema-mundo de la modernidad, ha sido caracterizado históricamente por un patrón de conocimiento euro-céntrico, patriarcal y mono cultural, el imperialismo de un tipo de razón específico y la primacía de sujetos particulares: blancos, europeos, masculinos, educados, privilegiados y heterosexuales. Con su imposición, particularmente en el Sur, la modernidad global ha recurrido a violencias, incluidos el colonialismo, el genocidio y la esclavitud. Históricamente, la naturaleza luminosa de la modernidad para el Norte ha sido estrechamente relacionada con el reverso de la modernidad para el Sur. Una descolonización radical de los sistemas de conocimiento modernos es una condición necesaria tanto para la democracia global como para la supervivencia humana.

Cuando los llamados mercados libres, la pretendida universalidad de la gramática política liberal y los estándares de conocimiento de la ciencia moderna se imponen sobre otros pueblos, ocurren procesos de extraordinaria violencia física y epistemológica, denegando a los otros su carácter de personas con otras tradiciones culturales, otras concepciones del individuo y de la comunidad, otras concepciones y prácticas de autoridad, otras modalidades de conocimiento y otros modos de ser con y dentro del resto de la red de la vida. De ese modo, otros se ven despojados del derecho a cualquier alternativa histórica o cultural más allá de los límites de la modernidad euro-centrada. No es posible hablar de democracia cuando sólo se reconoce como valido un modelo único de conocimiento. Sin embargo, a pesar de más de 500 años de imperialismo global de la modernidad, seguimos viviendo en un mundo ricamente pluricultural. Las tensiones y los conflictos siguen entre, por un lado un orden mundial autoritario y monocultural que pretende naturalizar la sociedad de mercado y la democracia liberal como la única opción histórica posible y, por otro, la gran pluralidad de pueblos y comunidades en todo el mundo que están luchando para controlar sus propias vidas.

El reto global más urgente al que se enfrenta la humanidad hoy en día está representado por los límites del planeta Tierra y los procesos predatorios de la modernidad que están destruyendo sistemáticamente las condiciones que posibilitan la vida en este planeta. Las formas en las que el pensamiento y el debate sobre esta crisis profunda han tenido lugar constituyen un ejemplo extraordinario del carácter autoritario, no-democrático de la actual estructura institucional global.

No obstante, existe también una resistencia mundial en contra del llamado comercio libre; en contra de la agroindustria y del modelo de acumulación por desposeimiento que ha ido caracterizando la globalización neoliberal; para la defensa de los pueblos, las culturas y los territorios bajo amenaza; en contra del patriarcado; y para la justicia climática. Conjuntamente, estos movimientos constituyen algunas de las expresiones más dinámicas de las luchas para otro mundo posible, juntando luchas locales, nacionales, regionales y globales para una nueva sociedad plural y democrática.

Los procesos políticos actuales en Bolivia y Ecuador constituyen expresiones contemporáneas significativas de estas confrontaciones. En estas luchas descolonizadoras, el objetivo no es incluir a la mayoría en el Estado liberal como ciudadanos modernos, sino transformar estos Estados monoculturales en Estados pluriculturales y multinacionales. Esto implica el reconocimiento y la coexistencia de una multiplicidad de idiomas, formas diversas de propiedad, varios regímenes jurídicos, varias modalidades de producción, marcos plurales de conocimiento y formas múltiples de relacionarse con el resto de la red de la vida. En este contexto, la democracia no conlleva el acceso igual a una tradición cultural particular, sino la igualdad entre una pluralidad de tradiciones.

En lo que podría facilitar una inspiración para construir la democracia global, la construcción de una nueva democracia en estos dos países ha tratado simultáneamente con estas historias y tradiciones diversas. En Bolivia la nueva Constitución define tres modos de democracia que se conciben como nutriéndose mutualmente en el proceso de profundizar la democracia: la democracia representativa (acorde con los cánones de la democracia liberal occidental); la democracia participativa (incorporando las demandas de democracia radical y las experiencias de democracia del consejo); y la democracia comunal (conforme con las tradiciones de auto-gobierno de los pueblos indígenas). Las nuevas constituciones de Bolivia y Ecuador tienen como principio organizativo básico las nociones respectivas aymara y quechua de suma qamaña (la buena vida) and sumak kawsay (vivir bien). Estas nociones implican no solamente la solidaridad entre humanos, sino también e igualmente vivir en armonía con y en la naturaleza. Esta concepción representa un cuestionamiento radical del antropocentrismo hegemónico que caracteriza la sociedad occidental, llegando a definir la naturaleza como un sujeto de derechos. .

 

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